Autor: Oficina de Estudios y Políticas Agrarias
Categorías: Agro en la prensa,Noticias institucionales
Esta instancia, público-privada, tiene el objetivo de tratar todas aquellas materias que permitan formular políticas públicas que favorezcan el desarrollo del sector.
Presidida por el ministro de Agricultura, Jaime Campos, y coordinada por la directora (S) de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) se reunió la Comisión Nacional de la Vitivinicultura, que también contó con la participación del director nacional del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).
El ministro Campos señaló que como Ministerio de Agricultura hemos reactivado los espacios de coordinación público-privada porque estamos convencidos de que los desafíos de esta industria requieren diálogo técnico permanente y construcción conjunta de soluciones.
También, la autoridad, planteó la necesidad de revisar la normativa vigente para permitir una mejor adaptación de la oferta chilena a las nuevas tendencias de consumo, señalando que es necesario debatir, conversar y buscar acuerdos, por ejemplo, para la autorización de los vinos de menor graduación alcohólica.
En tanto, la directora (S) de Odepa indicó que la vitivinicultura chilena enfrenta un escenario desafiante. No se puede quedar atrás frente a los cambios que están ocurriendo en los mercados internacionales y que debemos ser capaces de identificar nuevas oportunidades comerciales y responder a consumidores que demandan productos distintos, con más información, trazabilidad y diversidad. Pero debemos hacerlo manteniendo aquello que distingue al vino chileno en el mundo: calidad, tradición, diversidad de origen y prestigio internacional.
Los participantes, en torno a un diálogo constructivo, plantearon diferentes puntos de vista, donde hubo acuerdo en que Chile tiene una industria vitivinícola reconocida globalmente, con diversidad de cepas, territorios y modelos productivos. El desafío ahora es transformar esas fortalezas en una nueva etapa de desarrollo para el sector y eso solo será posible manteniendo una visión compartida y una alianza sólida entre el Estado y el mundo privado, que permita enfrentar unidos los desafíos actuales y construir las oportunidades del futuro.
Finalmente, si bien las cifras a nivel nacional muestran ajustes en superficie, producción y exportaciones y con un contexto internacional marcado por una disminución histórica en el consumo mundial de vino, este escenario representa una oportunidad para replantearnos cómo fortalecer al sector, cómo avanzar en modernización, diferenciación y mayor valor agregado, y cómo proyectar nuevamente al vino chileno en los mercados internacionales.